viernes, 8 de junio de 2012


Me desperté con una nueva adquisición. Tengo el ojo derecho tan hinchado que es capaz de demoler una pared de hormigón con sólo un roce. Como sentí que todavía no había pasado lo peor me senté a esperar, con el ojo bueno, el crecimiento de su compañero. Fue más alentador que ver nacer a un Sea Monkey porque insospechadamente, a las tres horas, había alcanzando unas proporciones bastante similares a las de  un globo terráqueo. A la tarde cuando le abrí la puerta a Clara, la sorpresa fue mutua. 
Con el ojo disponible, hice un paneo disimulado que resultó terriblemente indiscreto y evidenció que la imagen incompleta que veía de ella. No era para nada alentadora: Clara escondía tras la nuca un rodete rubio envuelto en una redecilla negra que a simple vista, cualquiera podría haberlo confundido con un kilo de chorizo arremolinado. Como ya me estoy acostumbrando a sus peinados psicodélicos, el conflicto lo encontré en la vestimenta: tanto el ojo afectado como el sano no pudieron despegarse del chaleco marrón de gamuza y las botas negras de caña alta que le daban cierto aire a una actriz secundaria extraviada del set de una película de western. Noté en más de una oportunidad que, sus ojos, se rebelaban a los buenos modales y discriminaban abiertamente al mío, que ni siquiera podía notarlo. Cuando nos sentamos en el living tuve una premonición, hoy era era el día que iba a llorar:
 - Anoche soñé que mi ex se casaba, con FLA, su pareja. Y yo estaba 
    invitada...
 - Martín.
 - Sí, Martín.
 -  ¿Querés contame cómo fue tu relación con él?
 -  ...
 - Cualquier cosa...
 - Ayer su nueva pareja, FLA, me mandó algunos mensajes y me 
    terminó contando que Martín la engañaba. Me dio un poco de 
    lástima, pero  todavía no entiendo por qué me lo contó.
 - ¿Por qué  llamás por el apodo a la actual pareja de tu ex novio?
 - Supongo que tiene que ver con lo que pasó hace más de siete 
    meses, cuando descubrí que Martín me engañaba a mí.
De repente un temporal de lágrimas me embadurnó la cara. Lloraba por Martín, por mí y también por ni siquiera poder llorar tranquilamente con pleno derecho sobre los dos ojos. Clara trató de convencerme de hablar de otros temas menos angustiantes, pero de todas maneras seguí:
 - No sé como ella se debe haber enterado que Martín la engañaba.        
    Cuando me pasó a mí, confirmé que hay cosas que tenés el deber
    de saber: un día de octubre esperé a Martín en casa con la comida 
    preparada. Mi menú era siempre acotado, así que  pedí en La Posta
    unos sorrentinos caseros con salsa cuatro quesos. Pensaba que 
    era un buen momento para renovar el romance. Guardé  la gaseosa
    y desempolvé un vino tinto de ocasión. Los miércoles, Martín salía de
    la facultad  a las diez y media de la noche, cuando finalizaba de dar
    clases de producción. Llegó a casa, me besó, se relamió al ver lo que
    había comprado, me mostró una película que le habían regalado y se
    fue a bañar. Era una película romántica que ya  teníamos en nuestra
    videoteca, pero en ese momento, ninguna de estas dos cosas me
    importaron. Como me pareció que era un dvd original, abrí la cajita 
    para corroborarlo y dentro había un  papelito pegado; era  un sticker
    amarillo. Era de ella.
 - ¿Qué decía?
 -  Muero por ver esta película de nuevo con vos, FLA. Sentí que la  
     videoteca, el techo, el inquilino del décimo "c" y un asteroide
     impactaban sepultándose como clavos alrededor de todo mi cráneo.
     En ese momento fantaseé con ser la versión femenina de Norman 
     Bates para sorprenderlo a cuchillazos en la ducha; pero en vez de  
     hacer eso terminé atragantándome con una copa entera de tinto y 
     lo esperé. Cuando salió, solamente me limité a hacerle preguntas.
 -¿Le preguntaste quién era Flavia?
 -  No, quién le había regalado la película. En ese momento me di
     cuenta que además de ser un hijo de puta, era un hijo de puta
     muy ocurrente: me había contestado que unos alumnos estaban
     ajustados con el presupuesto de un proyecto y estaban rifando 
     películas. Con esa invención se había comprado todos los números 
     para no verme más la cara. Yo lo amaba pero nadie me cagaba 
     y menos con una FLA.

jueves, 7 de junio de 2012

Estas cosas son absurdas, antinaturales y rozan el mal gusto.
Cuando volví a abrir el Facebook, llegué a la conclusión que la gente que hasta indirectamente me rodea tiene conductas subnormales: FLA me desbordó la casilla personal con mensajes. Intenté pasarlos inadvertidos, pero cuando vi el contador rojo inflarse, no pude domar mi dedo rabioso ni tampoco atar el instinto masoquista que me poseyó. 
Los primeros mensajes fueron dubitativos y reflejaban una falsa ingenuidad que pude advertir claramente en uno de los renglones del segundo mensaje, cuando utilizó la frase “me picó el bichito de la curiosidad...”. Conté hasta diez y contuve el impulso de responderle que mejor hubiese sido que la picara una yarará. 
En el tercero, que llegó una hora después, encontré unas desproporcionadas felicitaciones destinadas a unas fotos que hacía años había tomado para un "concurso de naturaleza muerta" y que mostraban en distintas perspectivas un terreno baldío. 
En el cuarto mensaje, me sentí como si estuviera siendo partícipe de un ahorcado virtual, descifrando lo que sus mezquinos monosílabos querían darme a entender. 
Afortunadamente, en el quinto mensaje, se cansó de dar vueltas carnero y lanzó una bomba atómica que resonó en mi cabeza tan fuerte como un Chasquibum. De alguna manera lo presentí: Martín había ido solo a Playa del Carmen y cuando volvió, ella descubrió que él la había engañado con una guía de turismo de Tulum. 
El sexto y séptimo, eran un popurrí de mensajes reflexivos donde confesaba que a pesar de todo tiene intenciones de estar con él. En su cabeza perversa tiene menos vergüenza contármelo a mí, una pionera, que contárselo a sus 534 amigos. No le contesté ningún mensaje. 

miércoles, 6 de junio de 2012

Si antes vivía fastidiada, cuidado, ahora soy una asesina en serie. 
Capitán se está cobrando de la manera más perruna toda la antipatía que guardo por tenerlo. Mientras yo represento a Hansel y Gretel, Capitán es la bruja que intercepta las migajas de pan del camino. 
Desde que Martín no vive más acá, soy consciente de que el pobre animal últimamente está un poco desamparado. Sólo cuido que tenga al alcance de las patas su alimento y también a “El Coco Chillón”, el juguete deforme que me asegura a futuro una fractura expuesta, porque no hay un solo día en el que me levante y no lo pise. 
Martín jamás fue muy generoso con los regalos pero por ese mamotreto desembolsó más de $70. Yo creo que Capitán es la reencarnación de Maquiavelo y en esta vida, descubrió un nuevo plan para sacarme de las casillas: secuestra los objetos que voy dejando por los ambientes y se pasea desafiante delante de mí, para enseñarme los rehenes presos en sus dientes. 
Ahora no sólo estoy turuleka y lloro por un tarado; a mi trabajo part-time se le agregó la  “mancha perro”, actividad que consiste en dar vueltitas alrededor de una mesa ratona para rescatar el botín que esconde el perro ratero.

martes, 5 de junio de 2012

Resulta que FLA me quiere tener como amiga en el Facebook. Después de que el locutor “del programa de los kilos” advirtiera que iba a revelarse quiénes de los participantes del reality hizo uso y abuso de los permitidos del fin de semana (tanto de albóndigas como de bondiolas) y de notar que la depresión que estoy empollando está cobrando más dimensiones que el huevo de un Tiranosaurio Rex; resolví voluntariamente despegarme del televisor, para concentrarme en la catarata de fotos que me hicieron llegar los explotadores de diseño. Pero cuando vi la solicitud que FLA me había envíado, mi responsabilidad se evaporó como los tres cigarrillos y las dos titas que en menos de una hora me atranqué, mientras analizaba las consecuencias de aceptarla y tirotearle la bandeja de entrada con unos virus de todos los colores. 
Estoy segura que FLA, pretende que me retuerza de los celos con el collage de fotos que debe estar diseñando en Paint, para que todos recuerden "que está en una relación". 
No puedo dejar de imaginarme a Martín con los pelos al viento, abrazando con una mano la cintura de FLA y con la otra zarandeando un baldecito floreado repleto de souvenirs del mar. Descubrí que en mi casa tengo un espíritu macabro que me guía el mouse: la acepté. 

lunes, 4 de junio de 2012


Hoy mi computadora es una potencial víctima de la violencia doméstica. Llegué a un acuerdo con Joaquín, el jefe de diseño de la productora y por este período de licencia voy a dedicarme a la corrección de las fotografías tomadas por mis colegas. Esto demuestra que mi trabajo está colmado de capitalistas que encuentran inclusive, la manera de explotarte con licencia psiquiátrica part-time desde casa. Si bien están siendo pacientes conmigo, juro que no me faltaron las ganas de teletransportarme hasta la productora y lanzar a modo de frisbee, CDs vírgenes para decapitar a los responsables de esta decisión. Cuando Joaquín me anunció que mi sueldo iba a bajar a un 20% concluí que, por ser el vocero de estos miserables, su imaginaria muerte tenía que ser diferente, y me encontré fantaseando con que lo estrangulaba pausadamente con los bucles del teléfono. Mientras se excusaba por "no poder hacer nada", decidí enmudecer con una bola de fraile que rescaté de la docena de ayer, y omitir la vez que se ausentó un mes para irse a pasear a Búzios con su amante, la recepcionista de cera (tiene retocado hasta el mentón). Yo era nueva en la empresa y me abandonó haciéndome responsable de todo el personal, sin embargo, jamás le interrumpí sus brindis con cocos forrados de paraguitas de colores para atormentarlo con mis inseguridades.

domingo, 3 de junio de 2012


A falta de una, tuve que soportar a dos. Además de traerme víveres y una docena de facturas, mi mamá también trajo a Nora, su mejor amiga. 
Me sentí como en una probeta presa de las miradas negativas de dos especialistas. Me pareció que Nora solamente vino a contemplarme de cerca para corroborar con sus propios ojos la veracidad de los comentarios que mi mamá le fue soltando en sus largos parloteos telefónicos de tarifas internacionales. 
Sospeché que imaginaba que estaba mirando en vivo el capítulo de algún reality de enfermos mentales, en la espera impaciente de un punto de tensión porque la tenía sentada frente a mí, examinándome absorta mientras yo deglutía sin pausa tres bolas de fraile rellenas con dulce de leche. ¡Qué me importa!, por facturas hasta me dejo sacar fotos. Cuando se aburrieron de mirarme sugirieron una partida de scrabble, pero antes de que Nora empezara a desmantelar las fichas de la bolsa de compras, las eché.

sábado, 2 de junio de 2012

Empezamos la noche de mujeres descorchando un vino tinto que aportó Franco, el marido de Laura, y terminamos podando tiritas de papel higiénico con formas de Kleenex. Después de soltar el último sollozo, Laura se desplomó en el medio de la cama matrimonial, aferrándose a las patas de Capitán. Últimamente el pronóstico de nuestras reuniones son desfavorables. La del mes pasado terminó cancelada porque Luqui, el hijo de Laura, tuvo el capricho de perpetuarla en el sillón para mirar en familia por milésima vez "El Espantatiburones". Luqui cerró la puerta de entrada y escondió los juegos de llaves de la casa. Después de una larga noche de pesquisas, descubrieron que estaban enterradas dentro de la panza de un Transformers. Para Laura la única culpable del incidente fui yo, por obsequiarle a mi ahijado juguetes desmontables, que según sus palabras: “fomentaron la búsqueda del tesoro”. 
Las primeras gotas se asomaron cuando enganchamos "Los Puentes de Madison". Laura aborrece esta película y cada vez que la mira se indigna por lo mismo:
 -¿Responsabilidad versus felicidad?, no es creíble. Yo admiro
   a Meryl Streep, pero en esta película interpreta a una boluda.
El chaparrón llegó después de estudiar el Facebook de nuestros objetos de obsesión. Desde la cuenta de Laura, revisé incansablemente las fotos de Martín. Cuantos más álbumes abría más metros de papel aromatizado necesitaba para serenarme. Martín me había borrado de todas las fotos, inclusive en las que aparecía como extra improvisando gestos similares a los de Cuasimodo. Lo que más tristeza me dio fue ni siquiera estar etiquetada por error. Después de consolarme, Laura quedó hipnotizada con la información que Celeste, su rival en el tercer año de la facultad de derecho, había hecho pública en el perfil. Leía en voz alta y se ayudaba con el dedo índice derecho, para repasar lo anteriormente leído. Por un momento pensé que iba a terminar perforándome el monitor. Con círculos imaginarios envolvió furiosamente el estado de soltería que Celeste daba a conocer, y encuadró más de una vez, el cargo que indicaba estar ocupando en el Poder Judicial de la Nación. Todo empeoró con las fotos tomadas dentro de un Free Shop en la que se veía a la enemiga de Laura, pasear con un changuito ocupado por siete bolsos “Louis Vuitton” apelmazados uno sobre otros. Su dedo terminó flotando en el aire. Fue ahí, cuando se tiró en la cama y abrazó a Capitán. Como siempre le gustaron más las Rhodesias, ni siquiera intenté sobornarla con una Tita.




viernes, 1 de junio de 2012


Clara vino puntualmente a las 16 hs. Tenía el pelo recogido con el cadáver de lo que en algún momento intentó ser una trenza, de la que se deshilachaban unos rulos largos e inertes, que fácilmente podían ser empleados para amordazar a un matambre. Si no supiera que es mi terapeuta la hubiera confundido con una repartidora de empanadas jujeñas a domicilio, porque estaba cubierta por una especie de poncho que cooperaba para darle cierto parecido a la encarnación de Mercedes Sosa. Le ofrecí café y cuando me senté, llegué a la conclusión de que la cara despejada le hacía más evidente el combate existente entre sus dos paletas. Después de unos minutos de silencio, indagó:
 -¿Qué pensás Fernanda?
No le iba a contar la semejanza existente entre sus dientes y unos Chiclets de menta apolillados, así que le comenté lo primero que se me ocurrió:
 - Soñé que era un caballo. Inclusive, tenía una cola que se movía 
    ajustándose a mis emociones. Recuerdo que estaba sedienta y 
    que galopaba por un pueblo tétrico en busca de algo. Cuando llegué
    a una parte más despoblada encontré una especie de calesita 
    del terror. Era una calesita anti estética: a algunos de los caballitos 
    les faltaban las patas, a otros los ojos y algunos parecían Bambis  
    desnutridos...
 -  ... 
 - Yo solamente movía la cola y miraba como giraban, pero a la vez,
    sentía una especie de envidia. Quería ser como ellos,  no quería
    ser un caballo real.
 - Perdón Fernanda, ¿no te recuerda a otra historia similar? Pinocho, por 
    ejemplo.
 - Pero Pinocho era un pedazo de madera balsa que anhelaba ser un
    nene real, lo mío es al revés...¿significa que me estoy viendo como 
    un objeto inanimado?
 -¿Vos te sentís como un objeto inanimado?
 -  ...
Haciendo a un lado el tema bucal, creo que es una muy buena profesional. Me dijo que pronto vamos a empezar con la ejercitación.

jueves, 31 de mayo de 2012


Cualquiera podría pensar que después de estar tanto tiempo encerrada, mis piernas son un bosque enmarañado. Pero no. Hay dos cosas que me prometí: superar lo que tenga que superar, y mantener la piel de mi cuerpo lisa y sedosa como el cutis de un recién venido al mundo. Por el momento, lo segundo es lo que estoy logrando más eficazmente.

miércoles, 30 de mayo de 2012


Es más fácil concertar tomar el té con el presidente de una telefonía, reclamarle una falla en el servicio y terminar abrazados intercambiando aplicaciones a través de Bluetooth, que pedirle un favor a mi hermano. Pablo es de las personas que no soportan que se le pida nada. De los que ante la duda suspiran con antelación. Ya desde chicos, me descolocaba su falta de solidaridad hasta por la más mínima pavada: ¿Pablo, le pones la cabeza que le guillotinaste a mi muñeca? Nada. Aunque no este ocupado con un qué hacer, él necesita de unos momentos para practicar una especie de ritual del cuerpo, que lo estimulen a sintonizarse con una fuerza del más allá y así, arrancar los atrofiados motores de su fofa voluntad. Ayer después de que Florindo se fuera a la “guarida con la jermu”, llamé a mi mamá. A veces pienso que ella tranquilamente podría estar plastificada en las estampitas acariciándole los rulos a San Expedito. Tiene el don de armar frases taladrantes capaces de exacerbar hasta a un monje Tibetano. Por eso, decidí explotar su capacidad, pidiéndole que intercediera por mi causa justa y terminar de una vez por todas con esta "Calefodisea". El "Mamácenter" funcionó exitosamente: conseguí que Pablo viniera a la tarde, (también logré que en estos días mi mamá se auto-invitara para “echarme un vistazo”. Supongo que quiere decir, que va a pasar un rato para asegurarse que tenga suficiente agua y luz para la fotosíntesis).  El calefón ya funciona correctamente. Por otra parte Pablo me comentó que, Juan, su mejor amigo de la infancia se separó de la mujer. A pesar de que hace tres días me revolotean en bandada un sinfín de moscas, y que ya hace unos diesiséis olvidé el olor de los árboles, no pude evitar sonreírme por la noticia.

martes, 29 de mayo de 2012



Llamé a Florindo, el portero, a las 9 hs  y me dijo que no tenía problema en bajar a mi departamento al mediodía. A las dos menos cuarto me tocó la puerta. Entró en la cocina y me pidió disculpas detallando los por menores de su atareada vida que hasta el momento, afortunadamente me era desconocida.
 - No te voy a mentir, la verdad, me quedé mirando el programa de Rial en
    la “guarida” con Susana y después nos quedamos "torrando".
Trajo una caja aparatosa, cargada de herramientas que a simple vista parecían ser inútiles. Evidentemente la carga, hizo que se fatigara en exceso, porque transpiraba a baldazos; tenía la frente tan brillante como una mesita de luz repasada con Blem. 
Cuando comenzó a desmenuzar el calefón, me dijo que la tarea en total iba costar unos $350, y agregó despreocupado que la suma era simbólica. Yo sé  muy bien que mi cara refleja no entender estas cosas, también sé que no hablo como si supiera, y por otra parte sé algo más real: el portero es un chanta. El calefón lo había hecho instalar mi abuela hacía tres años. A pesar de que no funciona como yo quiero,  presiento que está en buen estado. Sin pensarlo dos veces, evité que Florindo terminara de arrancar la carcasa y de inmediato le solté lo que me parecía: me parecía excesivo todo; inclusive cómo estaba tironeando bárbaramente de la chapa para descolocarla. Le faltaba gritar YABADABADÚ, porque parecía Pedro Picapiedras destartalando una rockola. Me encantaría poder transcribir en palabras el diagnóstico que sugirió, pero desconozco el lenguaje del calefón. Ahora escribiendo, sospecho que lo que decía sonaba más a los términos de las partes del motor de un auto. Cuando vio mi cara de murciélago rabioso, trató de rebajar más el precio, diciendo que: “lo hacía por $250, pero no por menos”. Yo no iba a permitirme darle $350 injustificados, y menos aún iba a aceptar su liquidación de $250. A esta altura ya no me interesaba ni siquiera, si se ofrecía hacerlo por unas galletitas de agua con queso; lo quería despachar antes de que me naciera un ferviente deseo de incrustarle los colmillos en la pelada. Le agradecí por haberse molestado en venir y me excusé admitiendo que no podía pagarle la cantidad que me pedía. 
La despedida fue rápida: lo invité a que subiera, porque seguro Susana lo estaba esperando para ver Infama. Con todo esto me aseguré dos cosas; que mi primera impresión de Florindo siempre fue la correcta y que el cuidado de mi piso, y en consecuencia el de los “Locos Vargas”  del "A" y "El Sin Cara” del "B", va a pasar mucho más inadvertido ante sus dos ojos de pez globo.

lunes, 28 de mayo de 2012


Sólo me falta un corte de luz para desentenderme del resto de la humanidad. Me vendría bien, pintarme con un corcho negro, comer mazamorra y empanadas con pasas de uva. 
Pasó hace poco, pero extraño el agua caliente como un viejo amigo que se fue hace meses.  Cada vez que me higienizo siento contracciones en el humor.  Tengo frío con el pelo tendido, cual Rapunzel, en la bacha de la cocina. Me siento cómo en el programa de las Tribus cada vez que me tiro agüita, con la mano hecha cuenco. Lo que más me duele es el chorro helado a -2° del bidet.

domingo, 27 de mayo de 2012

Estamos separados hace 4 meses y 24 días. Sí, es verdad, también podría detallar las horas y los minutos, pero ya me siento una boluda, y dar la nota cronometrada no me ayuda a dejar de serlo. Me enteré por el Facebook de Laura que ahora está “en una relación” con FLA. O sea que pasó de la clandestinidad a algo más serio. Conmigo ni en los últimos meses hubiese puesto que estaba en “algo complicado”. 

sábado, 26 de mayo de 2012


Todavía tengo los restos de shampoo en el oído. Me explotó el calefón. Comencé a bañarme cuando escuché una mini explosión proveniente de la cocina. Automáticamente el agua caliente, dejó de ser caliente para volverse helada, como una catarata meteórica de hielos Rolito. Finalmente terminé sujeta a el palo de la cortina, de la que me prendí hasta con los dientes. De todos modos me enrollé, pero evitó  que rodara por la bañera y me abriera un parietal. Inspeccioné el calefón con cierta distancia y concluí que si indagaba con mano propia, además de terminar perdiendo el calefón del todo, probablemente también lo haría con la  mano. Lo único que me falta para cantar bingo es ser manca. Si dentro de 48 hs la situación no se arregla por sí sola, voy a tener que hacer algo que va en contra de mis leyes naturales: pedirle al portero que se asome por mi departamento para indagar en el artefacto. 
No quiero llamarlo; me enerva como parlotea desde las 6:00 am con los encargados de los edificios vecinos, y me encoleriza más, su manera descarada de fisgonear los culos  locales y visitantes que se pasean por el hall. Pero otra alternativa no tengo.

viernes, 25 de mayo de 2012


Encerré a Capitán en la cocina. A las 16 hs vino Clara, la terapeuta. Cuando abrí la puerta me dio la sensación  de que estaba ayudando a una paciente del Moyano a refugiarse. Clara debe tener unos 55 años perfectamente disfrazados por un pelo rubio de permanente. Lo primero que noté fueron unas alpargatas beige, que eran visiblemente incompatibles con el vestido negro con flores rojas que la envolvía, y un desafortunado saquito verde manzana, que asumí, intentaba aportar un aire más canchero al resto. Pensé que quizás era su uniforme de entre casa y de feriado. Pero lo peor era que no podía dejar de mirarle los dientes. Tiene dientes de conejos, uno más picado que el otro. Le ofrecí café y se encendió un cigarrillo. Cuando terminó de revolver fue directa:
 - Miriam, mi asistente, me adelantó algo, pero decime, ¿por qué  crees  
    vos que necesitás estos encuentros?
 - Me siento mal cuando estoy en la calle.
 - ....
 - Hace ya unos diez días sentí que me iba a morir. Es una sensación que
   que creo, no podría llegar a soportar de nuevo.
 - Bien, ¿ya te había pasado?
 - Sí, pero no tan fuerte.
 - ¿Cómo fue eso?, me refiero al más fuerte.
 - Fue el lunes. Pasó en el colectivo.
 - ¿A dónde ibas?, ¿qué colectivo tomaste? ¿Qué hacías?...
 - .... Viajaba en el 101 hacia la productora, yo soy fotógrafa. Estaba
    sentada muy relajada mirando como un viejo se acomodaba el peluquín    
    discretamente. Evidentemente tan discretamente no. El colectivo 
    aceleró y cruzó en rojo. Quedamos varados en el medio de la Avenida 
    Santa Fe. Los conductores de la mano izquierda parecían estar 
    desmayados sobre los volantes porque los bocinazos eran lineales, 
    parecidos a un ringtone polifónico. Cuando por fin avanzamos un bebé 
    rompió en llanto; lloraba demasiado agudo, como un Nenuco falseado. 
    Todo empeoró cuando empezó a combinarlos con intentos de palabras. 
    Yo no soy muy paciente con los nenes; para mí deberían empezar a 
    hablar cuando dejan de llorar; las dos cosas al mismo tiempo son un  
    cóctel explosivo. Cuando todo pareció normalizarse, de repente, 
    empecé a sentir que el corazón se me deformaba de tanto que latía. 
    Me faltaba el aire; pensé que me iba a morir tendida en el asiento 
    y que mi última imagen iba a ser el e-mail de laloquitadeboca escrito 
    con fibrón negro en el asiento  delantero. Empecé a moverme 
    aparatosamente. El colectivo iba lleno y no quería  que desde afuera se  
    viera que a la novia de Robocop le estaba dando un corto circuito...
 - Continúe.
 - Traté de actuar un poco y no bambolearme tanto. Automáticamente 
    me incorporé de un tirón como expulsada por el mismo asiento.
    Parecía una participante de un programa para ganar plata conducido 
    por Julián Weich. Tenía que bajarme y correr. Me llevé bolsos puestos, 
    gente puesta y puteadas puestas. La gente me impedía el paso. Por un 
    instante fabulé que arrancaba el martillito rojo de emergencias y hacía 
    un túnel en el vidrio. Estuve a punto de gritarles a todos que me estaba
    muriendo y que ninguno estaba cooperando para que eso no   
    sucediera...
 - ¿Qué hizo?
 - Me bajé. La gente que pasaba me miraba. No había bolsillo en el 
    que cupiera mi cara de espanto o mis extremidades agarrotadas. 
    Caminé unas cuadras y terminé protegiéndome en el garaje 
    de un edificio de la Avenida Las Heras. Me sentía como una rata  
    asustada escondida en una guarida. Pensé en llamar a Martín, 
    pero sentí que de alguna manera no era lo correcto.
 -¿Quién es Martín?
 - Mi ex novio. Entonces llamé a mi mamá y  lo tenía apagado. Por 
    último  se me ocurrió llamar a mi hermana. Necesitaba contarle a 
    algún conocido que me iba a morir. Después de cuatro o cinco tonos, 
    por  suerte, me atendió.
 - ¿Qué le dijo?
 - ML, me voy morir.
 - ¿Cómo ves lo dicho, ahora?
 - Exageré. No estaba en la camilla de un hospital con una enfermera 
    en mi lecho sosteniéndome el celular para que recitara unas últimas 
    palabras a mi familia. Fui una boluda. Pero siento que ella respondió 
    de otra forma aún más boluda.
 -¿Qué te respondió?
 - Con una pregunta: ¿te vas a morir?
Dejamos el episodio de lado. Hablamos de cómo estaba compuesta mi   
familia. Me dijo que lo que sucedió fue indudablemente un ataque de  
pánico. No quiso diagnosticarme más y me aconsejó que hasta que no 
avancemos un poco evitara salir a la calle. Va a volver el próximo 
viernes. Eso quiere decir que me voy a tener que acostumbrar a sus  
dientes. 

jueves, 24 de mayo de 2012


Ayer vino Martín. Como no quiero confesarle que estoy en crisis, decidí no dar pena y armé un plan: todo iba a darse muy “casual”. Él iba a llegar a las 19 hs, hora en la que yo, teóricamente también estaría llegando de la productora o de algún exterior. Así que me vestí como si hubiese ido a trabajar. En verdad, quise demostrarle que la soltería estaba sacando la mujer faltal que tengo escondida en algún hueco invisible de mi guardarropa. Creo que se notó, porque me faltaban unas luces intermitentes para terminar de ser un arbolito de navidad. Limpié la casa, incluyendo el balcón, y coloqué estratégicamente pendiendo de un imán de la puerta del freezer, un papel agenda en donde me inventé actividades programadas para el resto de la semana:

“Viernes: Yoga 16 hs. Muestra de arte de segunda mano. Cena en Cleo”
“Sábado: Asado en lo de Jimena. (Llevar vino)”
“Domingo: Cine con Lau (avisar a Maxi). Reorganizar entrega del lunes”

Martín y yo solíamos hacerlo, para saber nuestros horarios. No quería que se le cruzara que estaba inactiva cargando Gatti para los felinos del vecindario. Cuando tocó el timbre lo invité a que subiera. Le abrí la puerta, monté mi mejor cara de cumpleaños sorpresa y le dije:
- Perdón, recién acabo de llegar.
- Sí, veo. Tenés la cartera puesta todavía.
Me invitó a tomar un café afuera, porque el departamento "le traía muchos recuerdos”. Por supuesto que le dije que no; lo evadí diciendo que estaba muy cansada y rápidamente le batí un instantáneo con mi super brazo Top House, antes de que insistiera con el bar de la esquina. No hablamos mucho, lo más interesante fue cuando me preguntó:
- ¿En qué andás?
- Lo de siempre. Mucho, pero mucho trabajo. Hay un auge en     
  construcciones recicladas. Explota todo, increíble. También saliendo 
  mucho, con Lau y con Maxi, ya sabés. Vamos de acá para allá. Somos
  como la perinola; arrancamos y no paramos más. No me puedo quejar,   
  ¿y vos, en qué andas?
 - Mañana me voy a México tres días a presentar las publicidades que  
   grabamos para la empresa que las financia, voy a ver si me quedo una  
   semanita y  recorro Playa del Carmen.
 - Pero qué bien, ¿vas solo, te acompaña uno de los chicos o vas con FLA?
 - Y sobre el transcurso veremos...¿Capitán cómo está?
Por ahora bien, pero miralo por última vez porque te lo hago empanada.

miércoles, 23 de mayo de 2012


Recién llamó Martín. Hoy a la tarde pasa a buscar unas cosas que dejó oxidándose en mi casa y además, viene a visitar a Capitán. Me hubiese gustado que en algunas cuestiones demostrara ser menos miserable y se hubiera a dignado a pagar un flete para que se llevara sus porquerías de una, en vez jugar a la hormiguita trabajadora con su Peugeot 504. En el fondo tengo muchas ganas de verlo, pero también no voy a negar que fantaseo con que se hernie cada músculo cargando las cajas de mi odio. Qué me importa, en estos casos estoy a favor de la solidaridad y darle un poquito a cada uno lo que se tiene por de más. La última vez que discutimos, pero no estando de novios, fue por Capitán. Capitán es nuestro perro, aunque, su antojo. Yo no quería un perro en nuestra (mi) casa. Según el, quiso darme (darse) una sorpresa, entonces, me (se) compró un perro. A mi me encantan los animales, pero soy partidaria de los micro animales, que no son ocupas de la mayor parte de los ambientes hechos para humanos. Capitán mide lo suficiente como para molestarme y pesa más que mis ganas de no tenerlo. Cuando nos peleamos fue la víctima  de la separación. Yo estaba dispuesta a envolverlo en una caja, hacerle suficientes agujeritos en los cuatro lados y dárselo con un moño. No porque no lo quiera. Yo amo a este perro. Pero es  la muestra certera con cola, de que la relación por la que aposté durante cuatro años era una tremenda fantochada. Martín se estaba por mudar a un dos ambientes y consideraba que alquilar algo más grande no eran razones suficientes para contener al “bebé”. Por otra parte, el locador no aceptaba “bichitos”. Yo jamás de los jamases le hubiese alquilado a ningún fenicio que utilizara la palabra “bichitos”, para denominar la amplia gama del reino animal. Ahora, tampoco entiendo como conviví cuatro años con un tarado que se refería a nuestro perro con el apodo de “bebé”... ¡A mí me decías Pinochita, salame! Dos días antes de mudarse, me dijo:
 -Pinochita, ¿por qué no lo hablamos?
 -No, Martín. Te vas, ya no te amo más.
En ese momento me hubiese gustado ser una Pinochita en serio, porque ante la mentira mi nariz hubiese crecido lo suficiente como para atravesarle las vísceras.

martes, 22 de mayo de 2012

Querido blog...
No recuerdo exactamente cómo fue la conversación con René. René fue, hasta más o menos dos años, mi terapeuta. Se jubiló anticipadamente y se fue a vivir una vida más relajada con su novio a Mar del Plata. En la tercera o cuarta sesión él me habló de experimentar con la escritura.
- Fernanda, en pocos casos suelo interferir y hacer recomendaciones.
   Para vos comunicarte es un trabajo. Te voy a sugerir lo siguiente:
   escribí aquello que te obligás a callar. Vas a empezar a familiarizarte
   con tus emociones.
- René, ¿me estás recomendando jugar a un “querido diario”?
- Es correcto si querés interpretarlo así.
- Sí, pero hay algo incorrecto, yo no soy de onda Ana Franz. Tengo 24     
  años y ya me crecen pelos ahí abajo.
- Frank
-  ...
No sé por qué dije Franz. René no me respondió y continuamos como decía él: “trabajando”. Un tiempo después, llegué más temprano al consultorio y me detuve en la placa de la puerta. Por primera vez razoné su apellido. René era judío. No fue para tanto pero sé que se ofendió. A partir de ahí el tema diario quedo en la nada. 

lunes, 21 de mayo de 2012


Como en una película de suspenso, escuché unos pasos fofos que se acercaban lentamente por el pasillo. De manera insegura, vi como un volante con una súper oferta de un pollo rostizado con fritas a $60 de “Lo de Paco Delivery”, se asomaba por debajo de mi puerta. En el reverso estaban las especialidades que ejercían mis vecinos. Además de enterarme la buena noticia del pollo y de que había una ginecóloga, encontré lo que precisaba: una terapeuta. Después de deambular por los tres ambientes y jugar con Capitán, me armé de fuerzas y llamé. Me atendió Miriam, la asistente de Clara, la terapeuta, que brevemente me pidió que detallara para qué quería un encuentro. Para mi buena suerte Miriam consiguió ajustarle un poco la agenda. Tengo horario para el viernes y a domicilio, como el pollo.

domingo, 20 de mayo de 2012


Por la tarde vinieron mi mamá y ML, mi hermana. Todo empezó mal desde que se bajaron del auto para tocar el timbre. Según mi mamá soy una desagradecida por “siquiera bajar a recibirlas”. Durante el viaje, evidentemente, se olvidó de la parte que vino a visitarme porque estoy turuleka. Así que discutimos cinco minutos por el portero eléctrico, hasta que mi hermana se cansó de nosotras y de como los vecinos del edificio se enteraban, por los griteríos, de nuestras diferencias.  Apenas le abrí la puerta me soltó un:
 - Estás terrible. Horrible, nena.
Mi mamá no estaba mejor que yo, así que no me preocupe. Además, ya sé que estoy terrible y horrible. Yo la quiero, pero después de que mi papá la dejó por una japonesa veterana oriunda de Nueva York y que su madre murió, sé que las cosas no son fáciles para ella: su nuevo hobbie son las compras compulsivas y tirar zeppelines en la cara a la que está más dispuesta a  recibirlos, o sea yo, porque a mi hermana y mi hermano si bien les pasa rozando, no les emboca. Como no podría ser de otro modo, comenzó criticando mi vajilla (que no es mía, es de su madre) manifestando que no estaban hechas a la altura de las masitas que “con esmero seleccionó”. Después criticó a Capitán; “el perro roñoso con olor a riachuelo que me regaló el-divino-de-Martín”. Así que tuve que encerrar al pobre animal, para que no le ensuciara sus “inmaculadas prendas bien selectas”. Mi hermana tiene el don de la templaza, así que en ningún momento la vi encolerizándose. Para ella estaba todo bien. La verdad es que si alguien me hubiera susurrado las palabras claves de apoyo, hubiese superado todos mis miedos, únicamente para pasearla por el medio de la Avenida San Juan, a que sintiera las caricias de unas cuantas llantas  para luego traerla de nuevo a seguir masticando sus masitas de pedigrí.
 -¿Por qué no llamas al santo de Martincito para que te venga a hablar?
 - Mamá...Martín y yo no vamos a volver.
 - Pero si es tan divino, caballerísimo. Nena, te va a ayudar.
Yo creo que si mi mamá se las empeña conmigo, es porque de alguna manera ella sabe que sigo su camino. Claramente está proyectando. Ella quiere volver con su ex marido, pero su ex marido no tiene intenciones de volver con ella. La diferencia es que yo sí quiero terminar con esta vida roñosa con olor a riachuelo.