sábado, 16 de junio de 2012

Nuevamente llegó la guerra. Hoy, los "Locos Vargas" madrugaron y con ellos, también sus amenazas. Por los alaridos que desde las once de la mañana se vienen filtrando por las porosidades de todas mis paredes, puedo decir que el conflicto es el mismo: la nena de los “Vargas” desea ir a bailar, pero su mamá y sus abuelos no la dejan; por eso están a los gritos pelados haciendo cómplice a todo el edificio de sus intimidades.
Como sospechamos que los rugidos están aproximándose de a poco al clímax, en este momento, Laura (contaminada por la violencia de estas últimas horas), está mutilando aceleradamente un queso Mar del Plata sobre la mesada de la cocina con el objetivo de unirlo, lo más rápido posible, a la picada que improvisamos para disfrutar el espectáculo.
Martín, que fue uno de los primeros testigos de las batallas campales, me había comentado haber visto, como la madre Vargas le incautaba el dinero y las llaves a la chica, para luego exiliarla al pasillo común. Estamos esperando.

viernes, 15 de junio de 2012

El próximo lunes debería reincorporarme al trabajo pero aunque así lo quisiera, con lo del martes, me demostré que todavía no estoy en condiciones. Por eso me armé de paciencia, imaginé ser una plancha de pasto y llamé a la productora para dejarme pisotear. 
Hablé con Joaquín, el jefe de diseño, que me atendió de mala gana y me dijo que en cuanto se desocupara iba a devolver la llamada. Esperé toda la mañana y todo el mediodía, pero jamás se acordó. Por eso volví a molestarlo de nuevo. Cuando me atendió me dejó vagando en el limbo de la línea. Para hacerme más llevadera la espera, la musicalizó con unos villancicos subliminales. Antes de que la melodía infernal me despertara convulsiones preferí llamarlo a su celular:
 - Escuchame Joaquín, yo sé que no estás ocupado. No tengo problema
    en esperar pero si solamente vas a perpetuarme en el teléfono para
    escuchar estos jingles navideños, decímelo. Sí, estoy en mi casa, 
    pero eso no significa que esté cambiando los canales del televisor
    con un practi  palo desde la cama. Estoy haciendo terapia para salir     
    otra vez, por mí y por mis obligaciones. Sos mi jefe te respeto, y 
    como te respeto también me debes algo de respeto a mí. Te estoy
    tratando de pedir algo que realmente necesito. Necesito extender la
    licencia. Vos por obligación me tenés que escuchar. Soy tu empleada;
    una muy buena empleada que está pasando por un mal momento, y
    que en su mal momento igualmente sigue mandándote  el trabajo
    desde casa. Por otra parte yo no creo que exista ningún contrato de
    trabajo que ampare semejante explotación. Recordá que para tu mala 
    suerte estoy en blanco.
-  No son jingles, es Verdi. Fernanda, si estás de acuerdo no se te
    envía nada más.  Sí, sos una muy buena empleada. Quiero que 
    te mejores y vuelvas pronto.  

Hoy, Clara, vino un poco más tarde. La sumatoria de hechos, hizo que mi malhumor traspasara los límites de lo soportable. Veía todo gris, inclusive los dos palillos gigantes, decorados con plumas, que le atravesaban la mini-bola de pelos. Lo que de ninguna manera pude ver gris, fueron precisamente las plumas: me perforaban la vista; tenían los colores característicos de un pavo real. Vista de frente parecía que escondía un plumífero entre la maraña. Clara, instantáneamente, notó que algo me pasaba. Le detallé lo sucedido con Martín, la charla reciente que había tenido con Joaquín, y también terminé descargándome con ella:
 - Clara, disculpame que no pueda separar las aguas pero siento que 
    no estamos avanzando. Ya pasó un mes y yo sigo acá encerrada.
    Me parece que esto no está funcionando.
 - ¿A qué te referís con "esto"?
 - A las conversaciones, a la terapia. Yo quiero ir a trabajar, salir con 
    mis amigos, ir al supermercado, sacar a pasear a Capitán... 
 - Fernanda, lo que te pasa a vos se remonta a meses. Quizás hasta 
    años. Recién estamos en la cuarta sesión. Vos tenés una fobia, no
    un mal corte de pelo o una uña encarnada. Recuperarse de una fobia
    tiene su proceso. Necesito que te tengas paciencia y me la tengas a 
    mí. La próxima semana vamos a empezar con los ejercicios y te
    necesito entera.



jueves, 14 de junio de 2012

La de las llamadas no fue FLA. Todo tuvo un final inesperado y patético. Como no estaba dispuesta a someterme ni un segundo más a jugar a "La llamada", con quién yo creía que era (FLA), durante toda la mañana y toda la tarde anestesié el celular. Cuando volví a encenderlo, lo encontré infectado de llamadas perdidas provenientes del número privado. Me acomodé el casco, preparé el arma y esperé a que volviera a atacarme nuevamente. Apenas sonó, atendí. Después de que agotara toda la podredumbre de sus pulmones por el auricular, me adelanté y amablemente le dije:
 - FLA, ya sé que sos vos. No quiero escuchar nunca más, tus pulmones
   obsesivos. Basta.
Y corté. Sinceramente, pensé que la advertencia había sido lo suficientemente contundente como para ponerle fin a este thriller psicológico; pero a los veinte minutos volvió a molestar. El incesante torbellino, proveniente de "su" respiración, me había despertado una angustia que estuve obligada a exteriorizar:
 - Mirá, nena, ponete un disfraz de la Pantera Rosa y estrangulame con
    la cola mientras duermo, pero dejá de torturarme por teléfono.
 - ...
Inexplicablemente, me largué a moquear sobre el aparato.
 - ¡Fer!, ¡no llores!... soy yo, Martín.
Al escuchar la voz de Martín, se me acalambró el corazón. De todas maneras, no pude atajar a tiempo las cadenas rotas de la vulgaridad:
 -¿Qué te pensás que soy un 0-800, pelotudo? Andate a la puta que
     te parió. 
Y volví a cortar. Hasta ahora, Martín no volvió a llamar. 

miércoles, 13 de junio de 2012

La llamada acosadora que recibí pasadas las 19:30 me alarmó, porque automáticamente hasta las 20:10 recibí ocho timbrazos continuos (no atendí el portero). Durante las breves pausas de los últimos dos "rings", el número privado volvió a arremeter, y yo, me volví a dejar acosar por la respiración del gnomo chupa helio. FLA yo sé que sos vos.  
O FLA.
Es eso o un gnomo aspirando helio en el Parque de la Costa.
Para mí, es una mujer en un café o en un shopping, porque sólo se escucha un silbidito muy débil y mucho alboroto en el ambiente.
Hay alguien que me está acosando desde un número privado. Suena el celular. Atiendo. Me respiran dos o tres veces y finalmente cortan. 

martes, 12 de junio de 2012


Desoí los consejos de Clara e intenté auto abastecerme, pero sólo quedó en eso, intentos. 
Volví antes de que mi vestimenta y mis contorsiones panicosas despertaran, aún más, la atención de los peatones curiosos. Podría haber logrado un vestuario menos llamativo, pero como el cambio de estación todavía no llegó a mi armario me decidí por lo sencillo, tapizarme con lo que tenía a mano: la campera gris espacial que encontré en la caja de las donaciones. Como el párpado todavía estaba enrojecido, concluí que lo mejor era hacerle un revoque con base. Después de varios intentos, al ver que estaba más cerca de parecerme a un oso panda que de taparlo, renuncié y lo dejé al natural.
En el hall, me sorprendí a mí misma cuando pude despegar los labios para esbozar una simpática sonrisa a Florindo. Ni siquiera me molestó ver cómo desde lo alto de la escalera plegable bamboleaba los pelos de su buzarda; tampoco se me cruzó ningún reproche interno, cuando me vi obligada a transitar la pista con obstáculos (de bártulos innecesarios) que había montado en el pasillo, para poder cambiar una mísera dicroica. 
Abandoné el umbral con un estado de  ánimo óptimo: estaba decidida a llegar al supermercado "Huang Lee" de enfrente. Automáticamente, apenas empecé a caminar, sentí que un sindicato de plumeros se ponía de acuerdo para cosquillearme compulsivamente el corazón. De todas maneras, para no despertar la curiosidad de Florindo, intenté completar cincuenta metros y retrasar mi llegada. Cuando pude lograr pararme en la esquina, noté que una nena pecosa me señalaba indiscretamente susurrándole a su mamá (también pecosa), algo al oído. La realidad es que yo también me hubiese señalado; la apariencia general que daba era la de una longaniza tuerta acalambrada envuelta dentro un papel metalizado. Mientras la mamá pecosa le zamarreaba las trenzas a la nena y la  distraía con un perro salchicha tricolor, pude escuchar que le decía: "no se señala a las personas con defectos, Bianca, acordate que son personas". Sentía que, poco a poco, el corazón se me achicharraba hasta alcanzar las proporciones de una pasa de uva. Preferí no hacer público el parecido de sus caras con unas Pepitos Triples, en vez de eso, me tapé el ojo con la palma de mi mano y volví a casa.
Laura se  fue hace tres horas. Me trajo las municiones que yo no pude conseguir y además, con una pestaña postiza, pudo levantarle el ánimo a mi ojo. A cambio le obsequié la campera. Ahora Luqui puede disfrazarse de Buzz Lightyear.

lunes, 11 de junio de 2012

Estoy a dos mordidas de desgarrarle una oreja a Capitán. 

Me pregunto en qué momento fabulé con que tenía un paquete de cigarrillos escondido para "situaciones de emergencias". 
Estoy tentadísima de desempolvar del armario mi kit de "Juliana Cirujana" y servirme de un bisturí para resucitar de las colillas moribundas alguna sobra de tabaco.


domingo, 10 de junio de 2012


Por la tarde vino Maxi, mi mejor amigo. Antes de ayer habíamos acordado juntarnos para de una vez por todas fumar las pipas de la paz.
El saludo fue como un trailer que anunciaba lo que iba acontecer. Apenas dejó las facturas nos fundimos en un abrazo festivo que rápidamente se transformó en un acto explícito de discriminación. Lamentablemente cuando Maxi despegó su cuerpo del mío, pudo tener una visión más completa de mi cara. Fue tan insensible que si hubiese tenido una lupa, seguro, no hubiese dudado en empotrarla sobre mi ojo enfermo. 
Después de inflarse como un sapo durante más de un minuto, reventó para infectarme los tres ambientes con unas risotadas descontroladas. Tampoco lo podía culpar; el párpado estaba manifestándose en plena transición: el tono rojo escarlata que había adquirido ayer, había sido desplazado por una coloración parecida al rojo pasión. Definitivamente yo no era la Bella, pero él sí era la Bestia:
 -¿Qué te pasó? tenés el ojo hecho mierda.
Hacía más de 15 días que no nos veíamos y media hora con él, me bastó para recordar porque nos habíamos peleado: es un tarado. Después de agotar el amplio monólogo que le inspiró mi accidente, enloquecí:  
 -¿Podés dejar de ser idiota? Hace un montón de días que no nos
    vemos y lo único que tenés para decirme es que mi ojo es una pelota 
    playera roja. Ya lo pensé, buscate una comparación más original.
 - Disculpame. Es muy gracioso. El problema es que seguís igual de
    susceptible.
 - No es gracioso. Vos estás siendo muy chiquilín.
 - No volvamos a lo mismo, Fernanda. Acá la única chiquilina sos vos,
    que te escondés entre cuatro paredes. Por lo menos, ahora tenés
    un motivo más importante para refugiarte: el ojo.
Cuando hizo ese último comentario me arrepentí de no haberme reservado un churro para picanearle las retinas. Traté de no ser tan cruel pero inevitablemente redoblé la apuesta:
 - Evidentemente, no viniste para saber cómo estoy. Ya sé, ¿necesitás 
   que te preste plata para el alquiler?
Nos miramos como dos perros callejeros a punto de iniciar un combate. Hasta que se fue no nos volvimos a hablar.

sábado, 9 de junio de 2012

Si hubiese tenido la sospecha que detrás de mí se estaba montando un teléfono descompuesto, no hubiera atendido. 
Producto de las lágrimas de ayer y el ciclo natural de maduración, el orzuelo, alcanzó unas dimensiones semejantes a las de Júpiter. 
A la mañana resolví llamar a Laura para que me aconsejara. De todo lo que me dijo lo único que logré entender era que no podía hablar porque estaba en la sección de juegos de  el  "Parque de los Niños", y que también su esposo y su hijo estaban debatiéndose a duelo. Era verdad, porque por momentos alternaba la conversación con unos gritos de aliento desmedidamente agudos  destinados a Luqui. Por lo que me relataba pude entender que Luqui estrellaba sistemáticamente el autito chocador que ocupaba contra el de Franco. Del otro lado, Laura, no podía contener la emoción de ver a su pequeño hijo transformarse en un pequeño bárbaro. Preferí llamarla después y le corté. 
Hice a un lado el poco amor propio que me tengo y llamé a mi mamá. Apenas le conté para qué la llamaba se molestó y me contestó indignadísima que cómo ella podía saber algo así, si nunca había tenido "mutaciones en el globo ocular". De todas maneras se solidarizó y quedó en averiguarme qué podía hacer.
Cuando nos comunicamos nuevamente, me recomendó hacer una infusión caliente con hierbas, y remojar el líquido resultante sobre el bulto. 
Revolví todas las alacenas pero solamente encontré una cajita de Té Taragui. Me sentí como una curandera sabia del medio evo: cuidadosamente desmenucé los saquitos y extraje pacientemente todas las hebras: las herví en agua, las colé y finalmente serví el contenido en una copita de licor. Esperé hasta que alcanzara una temperatura prudencial. Cinco minutos después me encontré presionando la copita con té sobre el párpado afectado. Cinco segundos después terminé frotando el párpado y el ojo desorbitado con dos hielos. Al minuto me cubrí el ojo con un repasador envuelto con cinco hielos y me acosté para poder llorar más cómodamente. Cuando pude corroborar la inmundicia que me había hecho tuve ganas de plastificar mi ojo contra la ventana del balcón de Florindo. Me alegré de no haber tenido una cuchara a mano porque no hubiese dudado en enterrarla hasta lo más profundo de la cavidad para usarla como catapulta. En vez de eso, terminé llamando a mi mamá. Necesitaba transferirle cierta culpa por haber contribuido a sumarle nuevas características a mi visión. Ahora además de purulenta estaba toda chasmucada. Mi mamá hizo su descargo y apuntó a Nora; aunque después de unos segundos de silencio, confesó: la verdadera culpable era la ocasional compañera de juego de Alicia. Parece ser que cuando cortamos, mi mamá, llamó a Nora, su mejor amiga. Como Nora no estaba segura qué era lo que debía hacer llamó a Alicia, su hermana, y Alicia, que estaba desde las diez de la mañana en el bingo de Flores, tuvo la ocurrente idea de preguntarle a la señora que estaba a su lado, perpetuada desde la misma hora que ella en la mesa de juego del bingo. 
El día que me cruce con esa señora sin nombre, promotora insalubre de las quemaduras de primer grado, juro que no me va a temblar la mano en el momento de intercambiarle sus ojos por dos bolas de bingo.

viernes, 8 de junio de 2012


Me desperté con una nueva adquisición. Tengo el ojo derecho tan hinchado que es capaz de demoler una pared de hormigón con sólo un roce. Como sentí que todavía no había pasado lo peor me senté a esperar, con el ojo bueno, el crecimiento de su compañero. Fue más alentador que ver nacer a un Sea Monkey porque insospechadamente, a las tres horas, había alcanzando unas proporciones bastante similares a las de  un globo terráqueo. A la tarde cuando le abrí la puerta a Clara, la sorpresa fue mutua. 
Con el ojo disponible, hice un paneo disimulado que resultó terriblemente indiscreto y evidenció que la imagen incompleta que veía de ella. No era para nada alentadora: Clara escondía tras la nuca un rodete rubio envuelto en una redecilla negra que a simple vista, cualquiera podría haberlo confundido con un kilo de chorizo arremolinado. Como ya me estoy acostumbrando a sus peinados psicodélicos, el conflicto lo encontré en la vestimenta: tanto el ojo afectado como el sano no pudieron despegarse del chaleco marrón de gamuza y las botas negras de caña alta que le daban cierto aire a una actriz secundaria extraviada del set de una película de western. Noté en más de una oportunidad que, sus ojos, se rebelaban a los buenos modales y discriminaban abiertamente al mío, que ni siquiera podía notarlo. Cuando nos sentamos en el living tuve una premonición, hoy era era el día que iba a llorar:
 - Anoche soñé que mi ex se casaba, con FLA, su pareja. Y yo estaba 
    invitada...
 - Martín.
 - Sí, Martín.
 -  ¿Querés contame cómo fue tu relación con él?
 -  ...
 - Cualquier cosa...
 - Ayer su nueva pareja, FLA, me mandó algunos mensajes y me 
    terminó contando que Martín la engañaba. Me dio un poco de 
    lástima, pero  todavía no entiendo por qué me lo contó.
 - ¿Por qué  llamás por el apodo a la actual pareja de tu ex novio?
 - Supongo que tiene que ver con lo que pasó hace más de siete 
    meses, cuando descubrí que Martín me engañaba a mí.
De repente un temporal de lágrimas me embadurnó la cara. Lloraba por Martín, por mí y también por ni siquiera poder llorar tranquilamente con pleno derecho sobre los dos ojos. Clara trató de convencerme de hablar de otros temas menos angustiantes, pero de todas maneras seguí:
 - No sé como ella se debe haber enterado que Martín la engañaba.        
    Cuando me pasó a mí, confirmé que hay cosas que tenés el deber
    de saber: un día de octubre esperé a Martín en casa con la comida 
    preparada. Mi menú era siempre acotado, así que  pedí en La Posta
    unos sorrentinos caseros con salsa cuatro quesos. Pensaba que 
    era un buen momento para renovar el romance. Guardé  la gaseosa
    y desempolvé un vino tinto de ocasión. Los miércoles, Martín salía de
    la facultad  a las diez y media de la noche, cuando finalizaba de dar
    clases de producción. Llegó a casa, me besó, se relamió al ver lo que
    había comprado, me mostró una película que le habían regalado y se
    fue a bañar. Era una película romántica que ya  teníamos en nuestra
    videoteca, pero en ese momento, ninguna de estas dos cosas me
    importaron. Como me pareció que era un dvd original, abrí la cajita 
    para corroborarlo y dentro había un  papelito pegado; era  un sticker
    amarillo. Era de ella.
 - ¿Qué decía?
 -  Muero por ver esta película de nuevo con vos, FLA. Sentí que la  
     videoteca, el techo, el inquilino del décimo "c" y un asteroide
     impactaban sepultándose como clavos alrededor de todo mi cráneo.
     En ese momento fantaseé con ser la versión femenina de Norman 
     Bates para sorprenderlo a cuchillazos en la ducha; pero en vez de  
     hacer eso terminé atragantándome con una copa entera de tinto 
     lo esperé. Cuando salió, solamente me limité a hacerle preguntas.
 -¿Le preguntaste quién era Flavia?
 -  No, quién le había regalado la película. En ese momento me di
     cuenta que además de ser un hijo de puta, era un hijo de puta
     muy ocurrente: me había contestado que unos alumnos estaban
     ajustados con el presupuesto de un proyecto y estaban rifando 
     películas. Con esa invención se había comprado todos los números 
     para no verme más la cara. Yo lo amaba pero nadie me cagaba 
     y menos con una FLA.

jueves, 7 de junio de 2012

Estas cosas son absurdas, antinaturales y rozan el mal gusto.
Cuando volví a abrir el Facebook, llegué a la conclusión que la gente que hasta indirectamente me rodea tiene conductas subnormales: FLA me desbordó la casilla personal con mensajes. Intenté pasarlos inadvertidos, pero cuando vi el contador rojo inflarse, no pude domar mi dedo rabioso ni tampoco atar el instinto masoquista que me poseyó
Los primeros mensajes fueron dubitativos y reflejaban una falsa ingenuidad que pude advertir claramente en uno de los renglones del segundo mensaje, cuando utilizó la frase “me picó el bichito de la curiosidad...”. Conté hasta diez y contuve el impulso de responderle que mejor hubiese sido que la picara una yarará. 
En el tercero, que llegó una hora después, encontré unas desproporcionadas felicitaciones destinadas a unas fotos que hacía años había tomado para un "concurso de naturaleza muerta" y que mostraban en distintas perspectivas un terreno baldío. 
En el cuarto mensaje, me sentí como si estuviera siendo partícipe de un ahorcado virtual, descifrando lo que sus mezquinos monosílabos querían darme a entender. 
Afortunadamente, en el quinto mensaje, se cansó de dar vueltas carnero y lanzó una bomba atómica que resonó en mi cabeza tan fuerte como un Chasquibum. De alguna manera lo presentí: Martín había ido solo a Playa del Carmen y cuando volvió, ella descubrió que él la había engañado con una guía de turismo de Tulum. 
El sexto y séptimo, eran un popurrí de mensajes reflexivos donde confesaba que a pesar de todo tiene intenciones de estar con él. En su cabeza perversa tiene menos vergüenza contármelo a mí, una pionera, que contárselo a sus 534 amigos. No le contesté ningún mensaje. 

miércoles, 6 de junio de 2012

Si antes vivía fastidiada, cuidado, ahora soy una asesina en serie. 
Capitán se está cobrando de la manera más perruna toda la antipatía que guardo por tenerlo. Mientras yo represento a Hansel y Gretel, Capitán es la bruja que intercepta las migajas de pan del camino. 
Desde que Martín no vive más acá, soy consciente de que el pobre animal últimamente está un poco desamparado. Sólo cuido que tenga al alcance de las patas su alimento y también a “El Coco Chillón”, el juguete deforme que me asegura a futuro una fractura expuesta, porque no hay un solo día en el que me levante y no lo pise. 
Martín jamás fue muy generoso con los regalos pero por ese mamotreto desembolsó más de $70. Yo creo que Capitán es la reencarnación de Maquiavelo y en esta vida, descubrió un nuevo plan para sacarme de las casillas: secuestra los objetos que voy dejando por los ambientes y se pasea desafiante delante de mí, para enseñarme los rehenes presos en sus dientes. 
Ahora no sólo estoy turuleka y lloro por un tarado; a mi trabajo part-time se le agregó la  “mancha perro”, actividad que consiste en dar vueltitas alrededor de una mesa ratona para rescatar el botín que esconde el perro ratero.

martes, 5 de junio de 2012

Resulta que FLA me quiere tener como amiga en el Facebook. Después de que el locutor “del programa de los kilos” advirtiera que iba a revelarse quiénes de los participantes del reality hizo uso y abuso de los permitidos del fin de semana (tanto de albóndigas como de bondiolas) y de notar que la depresión que estoy empollando está cobrando más dimensiones que el huevo de un Tiranosaurio Rex; resolví voluntariamente despegarme del televisor, para concentrarme en la catarata de fotos que me hicieron llegar los explotadores de diseño. Pero cuando vi la solicitud que FLA me había envíado, mi responsabilidad se evaporó como los tres cigarrillos y las dos titas que en menos de una hora me atranqué, mientras analizaba las consecuencias de aceptarla y tirotearle la bandeja de entrada con unos virus de todos los colores. 
Estoy segura que FLA, pretende que me retuerza de los celos con el collage de fotos que debe estar diseñando en Paint, para que todos recuerden "que está en una relación". 
No puedo dejar de imaginarme a Martín con los pelos al viento, abrazando con una mano la cintura de FLA y con la otra zarandeando un baldecito floreado repleto de souvenirs del mar. Descubrí que en mi casa tengo un espíritu macabro que me guía el mouse: la acepté. 

lunes, 4 de junio de 2012


Hoy mi computadora es una potencial víctima de la violencia doméstica. Llegué a un acuerdo con Joaquín, el jefe de diseño de la productora y por este período de licencia voy a dedicarme a la corrección de las fotografías tomadas por mis colegas. Esto demuestra que mi trabajo está colmado de capitalistas que encuentran inclusive, la manera de explotarte con licencia psiquiátrica part-time desde casa. Si bien están siendo pacientes conmigo, juro que no me faltaron las ganas de teletransportarme hasta la productora y lanzar a modo de frisbee, CDs vírgenes para decapitar a los responsables de esta decisión. Cuando Joaquín me anunció que mi sueldo iba a bajar a un 20% concluí que, por ser el vocero de estos miserables, su imaginaria muerte tenía que ser diferente, y me encontré fantaseando con que lo estrangulaba pausadamente con los bucles del teléfono. Mientras se excusaba por "no poder hacer nada", decidí enmudecer con una bola de fraile que rescaté de la docena de ayer, y omitir la vez que se ausentó un mes para irse a pasear a Búzios con su amante, la recepcionista de cera (tiene retocado hasta el mentón). Yo era nueva en la empresa y me abandonó haciéndome responsable de todo el personal, sin embargo, jamás le interrumpí sus brindis con cocos forrados de paraguitas de colores para atormentarlo con mis inseguridades.

domingo, 3 de junio de 2012


A falta de una, tuve que soportar a dos. Además de traerme víveres y una docena de facturas, mi mamá también trajo a Nora, su mejor amiga. 
Me sentí como en una probeta presa de las miradas negativas de dos especialistas. Me pareció que Nora solamente vino a contemplarme de cerca para corroborar con sus propios ojos la veracidad de los comentarios que mi mamá le fue soltando en sus largos parloteos telefónicos de tarifas internacionales. 
Sospeché que imaginaba que estaba mirando en vivo el capítulo de algún reality de enfermos mentales, en la espera impaciente de un punto de tensión porque la tenía sentada frente a mí, examinándome absorta mientras yo deglutía sin pausa tres bolas de fraile rellenas con dulce de leche. ¡Qué me importa!, por facturas hasta me dejo sacar fotos. Cuando se aburrieron de mirarme sugirieron una partida de scrabble, pero antes de que Nora empezara a desmantelar las fichas de la bolsa de compras, las eché.

sábado, 2 de junio de 2012

Empezamos la noche de mujeres descorchando un vino tinto que aportó Franco, el marido de Laura, y terminamos podando tiritas de papel higiénico con formas de Kleenex. Después de soltar el último sollozo, Laura se desplomó en el medio de la cama matrimonial, aferrándose a las patas de Capitán. Últimamente el pronóstico de nuestras reuniones son desfavorables. La del mes pasado terminó cancelada porque Luqui, el hijo de Laura, tuvo el capricho de perpetuarla en el sillón para mirar en familia por milésima vez "El Espantatiburones". Luqui cerró la puerta de entrada y escondió los juegos de llaves de la casa. Después de una larga noche de pesquisas, descubrieron que estaban enterradas dentro de la panza de un Transformers. Para Laura la única culpable del incidente fui yo, por obsequiarle a mi ahijado juguetes desmontables, que según sus palabras: “fomentaron la búsqueda del tesoro”. 
Las primeras gotas se asomaron cuando enganchamos "Los Puentes de Madison". Laura aborrece esta película y cada vez que la mira se indigna por lo mismo:
 -¿Responsabilidad versus felicidad?, no es creíble. Yo admiro
   a Meryl Streep, pero en esta película interpreta a una boluda.
El chaparrón llegó después de estudiar el Facebook de nuestros objetos de obsesión. Desde la cuenta de Laura, revisé incansablemente las fotos de Martín. Cuantos más álbumes abría más metros de papel aromatizado necesitaba para serenarme. Martín me había borrado de todas las fotos, inclusive en las que aparecía como extra improvisando gestos similares a los de Cuasimodo. Lo que más tristeza me dio fue ni siquiera estar etiquetada por error. Después de consolarme, Laura quedó hipnotizada con la información que Celeste, su rival en el tercer año de la facultad de derecho, había hecho pública en el perfil. Leía en voz alta y se ayudaba con el dedo índice derecho, para repasar lo anteriormente leído. Por un momento pensé que iba a terminar perforándome el monitor. Con círculos imaginarios envolvió furiosamente el estado de soltería que Celeste daba a conocer, y encuadró más de una vez, el cargo que indicaba estar ocupando en el Poder Judicial de la Nación. Todo empeoró con las fotos tomadas dentro de un Free Shop en la que se veía a la enemiga de Laura, pasear con un changuito ocupado por siete bolsos “Louis Vuitton” apelmazados uno sobre otros. Su dedo terminó flotando en el aire. Fue ahí, cuando se tiró en la cama y abrazó a Capitán. Como siempre le gustaron más las Rhodesias, ni siquiera intenté sobornarla con una Tita.