Cualquiera podría pensar que después de estar
tanto tiempo encerrada, mis piernas son un bosque enmarañado. Pero no. Hay dos
cosas que me prometí: superar lo que tenga que superar, y mantener la piel de mi cuerpo lisa y sedosa
como el cutis de un recién venido al mundo. Por el momento, lo segundo es lo que estoy logrando más eficazmente.
jueves, 31 de mayo de 2012
miércoles, 30 de mayo de 2012
Es más fácil concertar tomar el té con el presidente de una telefonía, reclamarle una falla en el
servicio y terminar abrazados intercambiando aplicaciones a través de Bluetooth, que pedirle un favor a mi hermano. Pablo es de las personas que no soportan que se le pida nada. De los que ante la duda suspiran con antelación. Ya desde chicos, me descolocaba su falta de solidaridad hasta por la más
mínima pavada: ¿Pablo, le pones la cabeza que le guillotinaste a mi muñeca? Nada. Aunque no este ocupado con un qué hacer, él necesita de unos momentos para
practicar una especie de ritual del cuerpo, que lo estimulen a sintonizarse con
una fuerza del más allá y así, arrancar los atrofiados motores de su fofa
voluntad. Ayer después de que Florindo se fuera a la “guarida con la jermu”,
llamé a mi mamá. A veces pienso que ella tranquilamente podría estar
plastificada en las estampitas acariciándole los rulos a San Expedito. Tiene
el don de armar frases taladrantes capaces de exacerbar hasta a un monje
Tibetano. Por eso, decidí explotar su capacidad, pidiéndole que intercediera
por mi causa justa y terminar de una vez por todas con esta "Calefodisea". El "Mamácenter" funcionó exitosamente: conseguí que Pablo viniera a la tarde, (también logré que en estos días mi mamá se auto-invitara para “echarme un vistazo”.
Supongo que quiere decir, que va a pasar un rato para asegurarse que tenga
suficiente agua y luz para la fotosíntesis). El calefón ya funciona correctamente. Por otra parte Pablo me comentó que, Juan, su mejor amigo de la infancia se separó de la
mujer. A pesar de que hace tres días me revolotean en bandada un sinfín de
moscas, y que ya hace unos diesiséis olvidé
el olor de los árboles, no pude evitar sonreírme por la noticia.
martes, 29 de mayo de 2012
Llamé a Florindo, el portero, a las 9 hs y me dijo que no tenía problema en bajar a mi departamento al mediodía
- No te voy a mentir, la verdad, me quedé mirando el programa de Rial en
la “guarida” con Susana y después nos quedamos "torrando".
la “guarida” con Susana y después nos quedamos "torrando".
Trajo una caja aparatosa, cargada de herramientas que a simple vista parecían ser inútiles. Evidentemente la carga, hizo que se fatigara en exceso, porque transpiraba a baldazos; tenía la frente tan brillante como una mesita de luz repasada con Blem.
Cuando comenzó a desmenuzar el calefón, me dijo que la tarea en total iba costar unos $350, y agregó despreocupado que la suma era simbólica. Yo sé muy bien que mi cara refleja no entender estas cosas, también sé que no hablo como si supiera, y por otra parte sé algo más real: el portero es un chanta. El calefón lo había hecho instalar mi abuela hacía tres años. A pesar de que no funciona como yo quiero, presiento que está en buen estado. Sin pensarlo dos veces, evité que Florindo terminara de arrancar la carcasa y de inmediato le solté lo que me parecía: me parecía excesivo todo; inclusive cómo estaba tironeando bárbaramente de la chapa para descolocarla. Le faltaba gritar YABADABADÚ, porque parecía Pedro Picapiedras destartalando una rockola. Me encantaría poder transcribir en palabras el diagnóstico que sugirió, pero desconozco el lenguaje del calefón. Ahora escribiendo, sospecho que lo que decía sonaba más a los términos de las partes del motor de un auto. Cuando vio mi cara de murciélago rabioso, trató de rebajar más el precio, diciendo que: “lo hacía por $250, pero no por menos”. Yo no iba a permitirme darle $350 injustificados, y menos aún iba a aceptar su liquidación de $250. A esta altura ya no me interesaba ni siquiera, si se ofrecía hacerlo por unas galletitas de agua con queso; lo quería despachar antes de que me naciera un ferviente deseo de incrustarle los colmillos en la pelada. Le agradecí por haberse molestado en venir y me excusé admitiendo que no podía pagarle la cantidad que me pedía.
La despedida fue rápida: lo invité a que subiera, porque seguro Susana lo estaba esperando para ver Infama. Con todo esto me aseguré dos cosas; que mi primera impresión de Florindo siempre fue la correcta y que el cuidado de mi piso, y en consecuencia el de los “Locos Vargas” del "A" y "El Sin Cara” del "B", va a pasar mucho más inadvertido ante sus dos ojos de pez globo.
Cuando comenzó a desmenuzar el calefón, me dijo que la tarea en total iba costar unos $350, y agregó despreocupado que la suma era simbólica. Yo sé muy bien que mi cara refleja no entender estas cosas, también sé que no hablo como si supiera, y por otra parte sé algo más real: el portero es un chanta. El calefón lo había hecho instalar mi abuela hacía tres años. A pesar de que no funciona como yo quiero, presiento que está en buen estado. Sin pensarlo dos veces, evité que Florindo terminara de arrancar la carcasa y de inmediato le solté lo que me parecía: me parecía excesivo todo; inclusive cómo estaba tironeando bárbaramente de la chapa para descolocarla. Le faltaba gritar YABADABADÚ, porque parecía Pedro Picapiedras destartalando una rockola. Me encantaría poder transcribir en palabras el diagnóstico que sugirió, pero desconozco el lenguaje del calefón. Ahora escribiendo, sospecho que lo que decía sonaba más a los términos de las partes del motor de un auto. Cuando vio mi cara de murciélago rabioso, trató de rebajar más el precio, diciendo que: “lo hacía por $250, pero no por menos”. Yo no iba a permitirme darle $350 injustificados, y menos aún iba a aceptar su liquidación de $250. A esta altura ya no me interesaba ni siquiera, si se ofrecía hacerlo por unas galletitas de agua con queso; lo quería despachar antes de que me naciera un ferviente deseo de incrustarle los colmillos en la pelada. Le agradecí por haberse molestado en venir y me excusé admitiendo que no podía pagarle la cantidad que me pedía.
La despedida fue rápida: lo invité a que subiera, porque seguro Susana lo estaba esperando para ver Infama. Con todo esto me aseguré dos cosas; que mi primera impresión de Florindo siempre fue la correcta y que el cuidado de mi piso, y en consecuencia el de los “Locos Vargas” del "A" y "El Sin Cara” del "B", va a pasar mucho más inadvertido ante sus dos ojos de pez globo.
lunes, 28 de mayo de 2012
Sólo me falta un corte de luz para desentenderme del
resto de la humanidad. Me vendría bien, pintarme con un corcho negro, comer
mazamorra y empanadas con pasas de uva.
Pasó hace poco, pero extraño el agua caliente como un viejo amigo que se fue hace meses. Cada vez que me higienizo siento contracciones en el humor. Tengo frío con el pelo tendido, cual Rapunzel, en la bacha de la cocina. Me siento cómo en el programa de las Tribus cada vez que me tiro agüita, con la mano hecha cuenco. Lo que más me duele es el chorro helado a -2° del bidet.
Pasó hace poco, pero extraño el agua caliente como un viejo amigo que se fue hace meses. Cada vez que me higienizo siento contracciones en el humor. Tengo frío con el pelo tendido, cual Rapunzel, en la bacha de la cocina. Me siento cómo en el programa de las Tribus cada vez que me tiro agüita, con la mano hecha cuenco. Lo que más me duele es el chorro helado a -2° del bidet.
domingo, 27 de mayo de 2012
Estamos separados hace 4 meses y 24 días. Sí, es
verdad, también podría detallar las horas y los minutos, pero ya me siento una boluda, y dar la nota cronometrada no me ayuda a dejar de serlo. Me enteré por
el Facebook de Laura que ahora está “en una relación” con FLA. O sea que pasó
de la clandestinidad a algo más serio. Conmigo ni en los últimos meses hubiese
puesto que estaba en “algo complicado”.
sábado, 26 de mayo de 2012
Todavía tengo los restos de shampoo en el oído. Me
explotó el calefón. Comencé a bañarme cuando escuché una mini
explosión proveniente de la cocina. Automáticamente el agua caliente, dejó de ser
caliente para volverse helada, como una catarata meteórica de hielos Rolito. Finalmente terminé sujeta a el palo de la cortina, de la que me prendí hasta con los dientes. De todos modos me enrollé, pero evitó que rodara por la bañera y me abriera un parietal. Inspeccioné el calefón con cierta distancia y concluí que si indagaba con mano propia, además
de terminar perdiendo el calefón del todo, probablemente también lo haría con la mano. Lo único que me falta para cantar bingo es ser manca. Si dentro de 48 hs la situación no se arregla por sí sola, voy a tener que hacer algo que va en contra de mis leyes naturales: pedirle al portero que se asome por mi departamento para indagar en el artefacto.
No quiero llamarlo; me enerva como parlotea desde las 6:00 am con los encargados de los edificios vecinos, y me encoleriza más, su manera descarada de fisgonear los culos locales y visitantes que se pasean por el hall. Pero otra alternativa no tengo.
No quiero llamarlo; me enerva como parlotea desde las 6:00 am con los encargados de los edificios vecinos, y me encoleriza más, su manera descarada de fisgonear los culos locales y visitantes que se pasean por el hall. Pero otra alternativa no tengo.
viernes, 25 de mayo de 2012
Encerré a Capitán en la cocina. A las 16 hs vino
Clara, la terapeuta. Cuando abrí la puerta me dio la sensación de que estaba ayudando a
una paciente del Moyano a refugiarse. Clara debe tener unos 55 años perfectamente disfrazados por un pelo rubio de permanente. Lo primero que noté fueron unas
alpargatas beige, que eran visiblemente incompatibles con el vestido negro con
flores rojas que la envolvía, y un desafortunado saquito verde manzana, que asumí, intentaba
aportar un aire más canchero al resto. Pensé que quizás era su uniforme de
entre casa y de feriado. Pero lo peor era que no podía dejar de mirarle los
dientes. Tiene dientes de conejos, uno más picado que el otro. Le ofrecí café y
se encendió un cigarrillo. Cuando terminó de revolver fue directa:
- Miriam, mi asistente, me adelantó algo, pero decime, ¿por qué crees
vos que necesitás estos encuentros?
vos que necesitás estos encuentros?
- Me
siento mal cuando estoy en la calle.
- ....
- Hace
ya unos diez días sentí que me iba a morir. Es una sensación que
que creo, no podría llegar a soportar de nuevo.
- Bien,
¿ya te había pasado?
- Sí,
pero no tan fuerte.
- ¿Cómo
fue eso?, me refiero al más fuerte.
- Fue el lunes. Pasó en el colectivo.
- ¿A dónde ibas?, ¿qué colectivo tomaste? ¿Qué hacías?...
- Fue el lunes. Pasó en el colectivo.
- ¿A dónde ibas?, ¿qué colectivo tomaste? ¿Qué hacías?...
- .... Viajaba en el 101 hacia la productora, yo soy fotógrafa. Estaba
sentada muy relajada mirando como un viejo se acomodaba el peluquín
sentada muy relajada mirando como un viejo se acomodaba el peluquín
discretamente. Evidentemente tan discretamente no. El
colectivo
aceleró y cruzó en rojo. Quedamos varados en el medio de la Avenida
Santa Fe. Los conductores de la mano izquierda parecían estar
desmayados sobre los volantes porque los bocinazos eran lineales,
parecidos a un ringtone polifónico. Cuando por fin avanzamos un bebé
rompió en llanto; lloraba demasiado agudo, como un Nenuco falseado.
Todo empeoró cuando empezó a combinarlos con intentos de palabras.
Yo no soy muy paciente con los nenes; para mí deberían empezar a
hablar cuando dejan de llorar; las dos cosas al mismo tiempo son un
cóctel explosivo. Cuando todo pareció normalizarse, de repente,
empecé a sentir que el corazón se me deformaba de tanto que latía.
Me faltaba el aire; pensé que me iba a morir tendida en el asiento
y que mi última imagen iba a ser el e-mail de laloquitadeboca escrito
con fibrón negro en el asiento delantero. Empecé a moverme
aparatosamente. El colectivo iba lleno y no quería que desde afuera se
viera que a la novia de Robocop le estaba dando un corto circuito...
Santa Fe. Los conductores de la mano izquierda parecían estar
desmayados sobre los volantes porque los bocinazos eran lineales,
parecidos a un ringtone polifónico. Cuando por fin avanzamos un bebé
rompió en llanto; lloraba demasiado agudo, como un Nenuco falseado.
Todo empeoró cuando empezó a combinarlos con intentos de palabras.
Yo no soy muy paciente con los nenes; para mí deberían empezar a
hablar cuando dejan de llorar; las dos cosas al mismo tiempo son un
cóctel explosivo. Cuando todo pareció normalizarse, de repente,
empecé a sentir que el corazón se me deformaba de tanto que latía.
Me faltaba el aire; pensé que me iba a morir tendida en el asiento
y que mi última imagen iba a ser el e-mail de laloquitadeboca escrito
con fibrón negro en el asiento delantero. Empecé a moverme
aparatosamente. El colectivo iba lleno y no quería que desde afuera se
viera que a la novia de Robocop le estaba dando un corto circuito...
- Continúe.
-
Traté de actuar un poco y no bambolearme tanto. Automáticamente
me incorporé de un tirón como expulsada por el mismo asiento.
Parecía una participante de un programa para ganar plata conducido
por Julián Weich. Tenía que bajarme y correr. Me llevé bolsos puestos,
gente puesta y puteadas puestas. La gente me impedía el paso. Por un
instante fabulé que arrancaba el martillito rojo de emergencias y hacía
un túnel en el vidrio. Estuve a punto de gritarles a todos que me estaba
muriendo y que ninguno estaba cooperando para que eso no
sucediera...
Parecía una participante de un programa para ganar plata conducido
por Julián Weich. Tenía que bajarme y correr. Me llevé bolsos puestos,
gente puesta y puteadas puestas. La gente me impedía el paso. Por un
instante fabulé que arrancaba el martillito rojo de emergencias y hacía
un túnel en el vidrio. Estuve a punto de gritarles a todos que me estaba
muriendo y que ninguno estaba cooperando para que eso no
sucediera...
- ¿Qué hizo?
- Me
bajé. La gente que pasaba me miraba. No había bolsillo en el
que cupiera mi cara de espanto o mis extremidades agarrotadas.
Caminé unas cuadras y terminé protegiéndome en el garaje
de un edificio de la Avenida Las Heras. Me sentía como una rata
asustada escondida en una guarida. Pensé en llamar a Martín,
pero sentí que de alguna manera no era lo correcto.
que cupiera mi cara de espanto o mis extremidades agarrotadas.
Caminé unas cuadras y terminé protegiéndome en el garaje
de un edificio de la Avenida Las Heras. Me sentía como una rata
asustada escondida en una guarida. Pensé en llamar a Martín,
pero sentí que de alguna manera no era lo correcto.
-¿Quién es Martín?
- Mi ex novio. Entonces llamé a mi mamá
y lo tenía apagado. Por
último se me ocurrió llamar a mi hermana. Necesitaba contarle a
algún conocido que me iba a morir. Después de cuatro o cinco tonos,
por suerte, me atendió.
- ¿Qué le dijo?
último se me ocurrió llamar a mi hermana. Necesitaba contarle a
algún conocido que me iba a morir. Después de cuatro o cinco tonos,
por suerte, me atendió.
- ¿Qué le dijo?
- ML, me voy
morir.
- ¿Cómo
ves lo dicho, ahora?
- Exageré. No estaba en la camilla de un hospital con una enfermera
en mi lecho sosteniéndome el celular para que recitara unas últimas
palabras a mi familia. Fui una boluda. Pero siento que ella respondió
de otra forma aún más boluda.
en mi lecho sosteniéndome el celular para que recitara unas últimas
palabras a mi familia. Fui una boluda. Pero siento que ella respondió
de otra forma aún más boluda.
-¿Qué te respondió?
- Con una
pregunta: ¿te vas a morir?
Dejamos el episodio de lado. Hablamos de cómo estaba compuesta mi
Dejamos el episodio de lado. Hablamos de cómo estaba compuesta mi
familia. Me dijo que lo que sucedió fue indudablemente un ataque de
pánico. No quiso diagnosticarme más y me aconsejó que hasta que no
avancemos un poco evitara salir a la calle. Va a volver el próximo
viernes. Eso quiere decir que me voy a tener que acostumbrar a sus
dientes.
pánico. No quiso diagnosticarme más y me aconsejó que hasta que no
avancemos un poco evitara salir a la calle. Va a volver el próximo
viernes. Eso quiere decir que me voy a tener que acostumbrar a sus
dientes.
jueves, 24 de mayo de 2012
Ayer vino Martín. Como no quiero confesarle que
estoy en crisis, decidí no dar pena y armé un plan: todo iba a darse muy “casual”. Él iba a
llegar a las 19 hs, hora en la que yo, teóricamente también estaría llegando de
la productora o de algún exterior. Así que me vestí como si hubiese ido a
trabajar. En verdad, quise demostrarle que la soltería estaba sacando la mujer faltal que tengo escondida en algún hueco invisible de mi guardarropa. Creo que se notó, porque me faltaban unas luces intermitentes
para terminar de ser un arbolito de navidad. Limpié la casa, incluyendo el
balcón, y coloqué estratégicamente pendiendo de un imán de la puerta del
freezer, un papel agenda en donde me inventé actividades programadas para el
resto de la semana:
“Viernes: Yoga 16 hs. Muestra de arte de segunda mano. Cena en
Cleo”
“Sábado: Asado en lo de Jimena. (Llevar vino)”
“Domingo: Cine con Lau (avisar a Maxi). Reorganizar
entrega del lunes”
Martín y
yo solíamos hacerlo, para saber nuestros horarios. No quería que se le cruzara
que estaba inactiva cargando Gatti para los felinos del vecindario. Cuando tocó
el timbre lo invité a que subiera. Le abrí la puerta, monté mi mejor cara de cumpleaños sorpresa y le dije:
- Perdón, recién acabo de llegar.
- Sí, veo. Tenés la cartera puesta todavía.
Me invitó a tomar un café afuera, porque el departamento "le traía muchos recuerdos”. Por supuesto que le dije que no; lo evadí
diciendo que estaba muy cansada y
rápidamente le batí un instantáneo con mi super brazo Top House, antes de que insistiera con el bar de la esquina. No hablamos mucho, lo más
interesante fue cuando me preguntó:
- ¿En qué andás?
- Lo de siempre. Mucho, pero mucho trabajo. Hay un
auge en
construcciones recicladas.
Explota todo, increíble. También saliendo
mucho, con Lau y con Maxi, ya
sabés. Vamos de acá para allá. Somos
como la perinola; arrancamos y no paramos más. No me puedo quejar,
¿y vos, en qué andas?
- Mañana me voy a México tres días a presentar las publicidades que
- Mañana me voy a México tres días a presentar las publicidades que
grabamos para la empresa que las financia, voy a ver si me quedo
una
semanita y recorro Playa del
Carmen.
- Pero qué
bien, ¿vas solo, te acompaña uno de los chicos o vas con FLA?
- Y sobre el transcurso veremos...¿Capitán cómo está?
Por ahora bien, pero miralo por última vez porque te lo hago empanada.
- Y sobre el transcurso veremos...¿Capitán cómo está?
Por ahora bien, pero miralo por última vez porque te lo hago empanada.
miércoles, 23 de mayo de 2012
Recién llamó Martín. Hoy a la tarde pasa a buscar
unas cosas que dejó oxidándose en mi casa y además, viene a visitar a Capitán. Me hubiese gustado que en
algunas cuestiones demostrara ser menos miserable y se hubiera a dignado a pagar un flete para que se
llevara sus porquerías de una, en vez jugar a la hormiguita trabajadora con su Peugeot 504. En el fondo tengo muchas ganas de verlo, pero también no voy a
negar que fantaseo con que se hernie cada músculo cargando las cajas de mi odio. Qué me importa, en estos casos estoy a favor de la solidaridad
y darle un poquito a cada uno lo que se tiene por de más. La última vez que
discutimos, pero no estando de novios, fue por Capitán. Capitán es nuestro perro, aunque, su antojo. Yo no quería un
perro en nuestra (mi) casa. Según el, quiso darme (darse) una sorpresa,
entonces, me (se) compró un perro. A mi me encantan los animales, pero soy
partidaria de los micro animales, que no son ocupas de la mayor parte de los ambientes hechos para humanos. Capitán mide lo suficiente como para molestarme y pesa más que mis ganas de no tenerlo. Cuando nos peleamos fue la víctima
de la separación. Yo estaba dispuesta a envolverlo en una caja, hacerle suficientes
agujeritos en los cuatro lados y dárselo con un moño. No porque no lo quiera. Yo
amo a este perro. Pero es la muestra
certera con cola, de que la relación por
la que aposté durante cuatro años era una tremenda fantochada. Martín se estaba
por mudar a un dos ambientes y consideraba que alquilar algo más grande no eran
razones suficientes para contener al “bebé”. Por otra parte, el locador no aceptaba “bichitos”. Yo jamás
de los jamases le hubiese alquilado a ningún fenicio que utilizara la palabra
“bichitos”, para denominar la amplia gama del reino animal. Ahora, tampoco
entiendo como conviví cuatro años con un tarado que se refería a nuestro perro con el apodo de “bebé”... ¡A mí me decías Pinochita, salame! Dos días antes de mudarse, me
dijo:
-Pinochita, ¿por qué no lo hablamos?
-No, Martín. Te vas, ya no te amo más.
En ese momento me hubiese gustado ser una
Pinochita en serio, porque ante la mentira mi nariz hubiese crecido lo suficiente como para atravesarle las vísceras.
martes, 22 de mayo de 2012
Querido blog...
No recuerdo exactamente cómo fue la conversación con René. René fue, hasta más o menos dos años, mi terapeuta. Se jubiló anticipadamente y se fue a vivir una vida más relajada con su novio a Mar del Plata. En la tercera o cuarta sesión él me habló de experimentar con la escritura.
No recuerdo exactamente cómo fue la conversación con René. René fue, hasta más o menos dos años, mi terapeuta. Se jubiló anticipadamente y se fue a vivir una vida más relajada con su novio a Mar del Plata. En la tercera o cuarta sesión él me habló de experimentar con la escritura.
- Fernanda, en pocos casos suelo interferir y hacer recomendaciones.
Para vos comunicarte es un trabajo. Te voy a sugerir lo siguiente:
escribí aquello que te obligás a callar. Vas a empezar a familiarizarte
con tus emociones.
- René, ¿me
estás recomendando jugar a un “querido diario”?
- Es correcto
si querés interpretarlo así.
- Sí, pero hay algo incorrecto, yo no soy de onda Ana Franz. Tengo 24
años y ya me crecen pelos ahí abajo.
años y ya me crecen pelos ahí abajo.
- Frank
- ...
No sé por qué dije Franz. René no me respondió y continuamos como decía él: “trabajando”. Un tiempo después, llegué más temprano al consultorio y me detuve en la placa de la puerta. Por primera vez razoné su apellido. René era
judío. No fue para tanto pero sé que se ofendió. A partir de ahí el tema
diario quedo en la nada.
lunes, 21 de mayo de 2012
Como en una película de suspenso, escuché unos pasos fofos que se acercaban lentamente por el pasillo. De manera insegura, vi como un volante con una súper oferta de un pollo
rostizado con fritas a $60 de “Lo de Paco Delivery”, se asomaba por debajo de mi puerta.
En el reverso estaban las especialidades que ejercían mis vecinos. Además de
enterarme la buena noticia del pollo y de que había una ginecóloga, encontré lo
que precisaba: una terapeuta. Después de deambular por los tres ambientes y jugar
con Capitán, me armé de fuerzas y llamé.
Me atendió Miriam, la asistente de Clara, la terapeuta, que brevemente me pidió que detallara para qué quería
un encuentro. Para mi buena suerte Miriam consiguió ajustarle un poco la agenda. Tengo horario para el viernes y a domicilio, como el pollo.
domingo, 20 de mayo de 2012
Por la tarde vinieron mi mamá y ML, mi hermana.
Todo empezó mal desde que se bajaron del auto para tocar el timbre. Según mi mamá
soy una desagradecida por “siquiera bajar a recibirlas”. Durante el viaje, evidentemente, se
olvidó de la parte que vino a visitarme porque estoy turuleka. Así que
discutimos cinco minutos por el portero eléctrico, hasta que mi hermana se cansó de
nosotras y de como los vecinos del edificio se enteraban, por los griteríos, de nuestras diferencias. Apenas le abrí la
puerta me soltó un:
- Estás
terrible. Horrible, nena.
Mi mamá no estaba mejor que yo, así que no me
preocupe. Además, ya sé que estoy terrible y horrible. Yo la quiero, pero
después de que mi papá la dejó por una japonesa veterana oriunda de Nueva York y
que su madre murió, sé que las cosas no son fáciles para ella: su nuevo hobbie
son las compras compulsivas y tirar zeppelines en la cara a la que está más
dispuesta a recibirlos, o sea yo, porque
a mi hermana y mi hermano si bien les pasa rozando, no les emboca. Como no
podría ser de otro modo, comenzó criticando mi vajilla (que no es mía, es de su
madre) manifestando que no estaban hechas a la altura de las masitas que “con
esmero seleccionó”. Después criticó a Capitán; “el perro roñoso con olor a
riachuelo que me regaló el-divino-de-Martín”. Así que tuve que encerrar al pobre animal, para que no le ensuciara sus “inmaculadas prendas bien selectas”. Mi
hermana tiene el don de la templaza, así que en ningún momento la vi
encolerizándose. Para ella estaba todo bien. La verdad es que si alguien me
hubiera susurrado las palabras claves de apoyo, hubiese superado todos mis miedos, únicamente para pasearla por el medio de la Avenida San Juan, a
que sintiera las caricias de unas cuantas llantas para luego traerla de nuevo a seguir masticando
sus masitas de pedigrí.
-¿Por qué
no llamas al santo de Martincito para que te venga a hablar?
-
Mamá...Martín y yo no vamos a volver.
- Pero si
es tan divino, caballerísimo. Nena, te va a ayudar.
Yo creo que si mi mamá se las empeña conmigo, es
porque de alguna manera ella sabe que sigo su camino. Claramente está
proyectando. Ella quiere volver con su ex marido, pero su ex marido no tiene
intenciones de volver con ella. La diferencia es que yo sí quiero terminar con
esta vida roñosa con olor a riachuelo.
sábado, 19 de mayo de 2012
Ayer por la noche vinieron Laura y Maxi. Para mí tranquilidad, pasaron por
el supermercado y me llenaron las alacenas con comida y la mesita de luz
con cigarrillos. Noté a los dos muy preocupados, tanto, que se las dieron de Gato Dumas y me atiborraron de platos. Tomamos dos botellas de vino y terminamos en el piso haciendo un balance cruzado de cómo estamos encarando la vida antes de llegar a
los 30. Mi vida la interpretó Maxi comparándose con un helecho.
Fue gracioso, pero me dolió. Franco no podía encender el horno para calentar la comida así que, Laura, tuvo que irse más temprano. Maxi se quedó a dormir. Es una cosa habitual; antes de ser mi mejor amigo fue mi novio y después de novios nos dimos cuenta de que lo hicimos para no estar solos. No tenemos nada en común, pero no hay persona en la que confíe más que él, aparte de Laura. Poniéndonos los pijamas, arruinó todo:
Fue gracioso, pero me dolió. Franco no podía encender el horno para calentar la comida así que, Laura, tuvo que irse más temprano. Maxi se quedó a dormir. Es una cosa habitual; antes de ser mi mejor amigo fue mi novio y después de novios nos dimos cuenta de que lo hicimos para no estar solos. No tenemos nada en común, pero no hay persona en la que confíe más que él, aparte de Laura. Poniéndonos los pijamas, arruinó todo:
- Encerrándote en tu casa no vas a solucionar nada,
¿lo sabés, no?
Hay veces que me olvido que es hombre y le brota esa insensibilidad de
Hay veces que me olvido que es hombre y le brota esa insensibilidad de
los
genitales.
- Estoy trabajando en eso. Ya lo voy a ir resolviendo.
-¿Cuál es el plan?
- Estoy viendo. Tengo un mes para solucionarlo.
- Mirá Fer, por lo que vi, estás trabajando mucho todos los días, pero en
extirparte
hasta el último pelo
de las axilas y cuidar de no saltearte las
Titas de las seis comidas. Ni siquiera salís al balcón. Es un cementerio
de mierda y de bolsas de basura, tu perro camina por ahí. Vas a cumplir
27 años y estas hecha una pelotuda. Martín se fue, no va a volver. Tu
abuela estaría muy triste viéndote así.
Titas de las seis comidas. Ni siquiera salís al balcón. Es un cementerio
de mierda y de bolsas de basura, tu perro camina por ahí. Vas a cumplir
27 años y estas hecha una pelotuda. Martín se fue, no va a volver. Tu
abuela estaría muy triste viéndote así.
Cuando mencionó lo de mi abuela, de repente, me
afloraron unos mocos que no pude contener.
- ¡Sos un pelotudo!
- Vos sos la pelotuda.
Y me desaté.
Y me desaté.
- No, vos. Vos también tenés quilombos y yo no te
pongo bombas donde
te duele. Si no te gusta tu trabajo salí a buscarlo. Te vas
a quedar toda
toda tu vida en una librería de mierda, con un sueldo de mierda,
pidiéndole a tu viejo préstamos para el alquiler de mierda. Vos
también podrías hacer lo que quisieras, ¿ves?, sos un pelotudo.
toda tu vida en una librería de mierda, con un sueldo de mierda,
pidiéndole a tu viejo préstamos para el alquiler de mierda. Vos
también podrías hacer lo que quisieras, ¿ves?, sos un pelotudo.
- No, por lo que decís soy una mierda.
Me
di vuelta y apagué la luz. Cada uno durmió bien lejos del otro, como un
matrimonio que manifiesta abiertamente no tolerarse. Estuve mucho tiempo
mirando la pared. Ninguno estaba equivocado.
viernes, 18 de mayo de 2012
Intenté salir. Intenté verme agradable. Soy una misión
imposible. En estos últimos cuatro meses trato de jugar al vampiro y no reflejarme
en el espejo. Además de verme como una
tabla de planchar, tengo la sensación de estar en medio de una explosión
hormonal de arrugas. Cuando salí del departamento todo estaba de maravilla. En
el ascensor, todo seguía igual. Los primeros pasos en la calle comenzaron a
molestarme. Y cuando llegué a completar menos de treinta metros, me desperté antes de la
pesadilla y encontrarme con ESO. Otra vez los sonidos comenzaron a ser más
fuertes y empezaba a faltarme el aire. Así que evité avanzar casilleros y volví
sobre mis pasos. Vi como Don Florindo, el portero, miraba culos mientras
repasaba los vidrios y extrañamente sentí alivio. Iba a subir por las escaleras, pero
se me ocurrió preguntarle:
- Florindo, ¿el edifico es
apto profesional, no?
- Sí, ¿por qué?
Qué curioso que sos Florindo,
¿estás seguro que tenés pito?
- Por urgencias, ¿me podría
anotar a qué se dedica cada uno
en un papelito?
- ¿Buscás uno en particular?
en un papelito?
- ¿Buscás uno en particular?
Chusmatología para sacarte turno.
- No, para saber.
jueves, 17 de mayo de 2012
Estoy emparchada como una
pelota de fútbol. Una pelota escuálida, con nariz de tobogán kilométrico y un
cuerpo atetado que pelotearon sin respiro hasta desinflar. Quizás esta especie
de fobia sea una señal a renunciar a todo lo que hay afuera y encerrarme en mi
casa para terminar siendo una vieja loca come Titas que mata el tiempo siendo
la Robin Hood de los gatos-trepa-techos. Ni siquiera puedo hacer eso porque
vivo en departamento y detesto a los gatos. Si tuviera suficiente valor no
sería yo.
miércoles, 16 de mayo de 2012
Laura me vino a buscar para ir a la clínica. Llegó una
hora y media más temprano de lo previsto. Le abrí la puerta vistiendo los bóxers que conservo de Martín y los pelos en guerra. Me contó que su suegra estaba
haciendo un curso de crochet para retomar la práctica y que se auto visitaba
todos los domingos en su casa, increpando a la familia con pequeñas bolsas de
supermercado repletas de prendas tejidas. Me contó que su hijo Luqui, estaba
teniendo problemas de conducta en el colegio y que en su última andanza se le
ocurrió clavarle el punzón a su maestra en el culo. Laura tuvo que dar
explicaciones y se defendió alegando que, "la culpa era de la maestra por
enseñarle a los chicos actividades prácticas con armas blancas". Antes de
salir le confesé que tenía miedo. Se rió de manera cómplice y me hizo entrega
de un Clonazepam. Jamás se me cruzó que mi amiga se dopaba. Me dijo que no era
para preocuparse, que sólo los usaba en casos de fuerza mayor, como la última
vez, que fue para evitar escuchar a Franco, su esposo, romperle la paciencia por
el descenso de River. Me lo tomé y esperamos una horita más. Después de
automedicarme, no sentí el cuerpo, no sentí el viaje y tengo vagos recuerdos de
la clínica. Lo que sí recuerdo es la cara de Ted Bundy del psiquiatra que me
atendió y que musitó palabras como “licencia”, “terapia,” “pánico” y
“agorafobia”. Cuatro horas después, me desperté en mi cama tapada con el buzo
de Martín y abollando el papel que certifica que necesito unos cuantos días de
licencia. Había soñado que me perseguía un asesino. Cuando me atrapó, me tenía
en un cuarto oscuro a Titas y Coca.
martes, 15 de mayo de 2012
Es el segundo día que no pude ir. Ni
bien entré a mi departamento dejé todo lo que cargaba, me desnudé y dentro de
la ducha lloré. Lloré todo lo que mi termotanque daba. Nadie quiere un ataque
cardíaco en un colectivo roñoso atiborrado de desconocidos con fragancia a cola
de otoño, yo no soy la excepción. El médico vino alrededor de las 15 hs. Era un
freezer que zarandeaba un nido blanco en la pera. Por un momento imaginé que
en vez del estetoscopio traía regalos. Traté, pero no pude evitar deshacerme de
la idea de un árbol genealógico encabezado por Papá Noel.
- Cuénteme, ¿qué le pasó?
- Creo que tuve un infarto.
Me miró con la cara torcida. Con ese
comentario, por mí, sus siete años de estudio se podían ir bien por la
tangente, por eso me respondió lo siguiente:
- Ajá, ¿y qué más?
Tomé su cara de pocos amigos como una invitación a
callarme y evité por el día sentirme más estúpida. Me revisó lo que creyó
pertinente.
-¿Usted
fuma?
- Sí
-¿Cuánto
fuma?
- Depende
el día.
-¿Cuánto
fuma?
- Un
paquete y medio por día.
- No le
digo que no fume, pero evítelo. Evite también el café,
cafiaspirinas, bebidas energizantes. Nada de ansiolíticos.
cafiaspirinas, bebidas energizantes. Nada de ansiolíticos.
Pensé que ahí terminaba todo, pero agregó algo que
no quería escuchar:
- Es mejor
que consulte a un psiquiatra, lo suyo es emocional.
Cerró su
maletín dando la consulta por terminada. Entendí que hacer otro tipo de
pregunta estaba de más. Así que, dejó unos papeles y se fue. Calculé dos minutos
antes de habilitar el portero. Me preparé un cortado, encendí un cigarrillo
y me acomodé para pensar qué dijo cuando se refirió a “lo suyo es emocional”.
Se me cruzaron mil imágenes que pensé analizar en otro momento. Llamé
nuevamente al trabajo y hablé con Joaquín, el responsable del diseño en la productora y le dije que tenía extensión para dos días. Llamé a mi amiga Laura
que apenas atendió, me inundó de noticias. Cuando colgué, me había olvidado para
qué la necesitaba, así que la volví a llamar y brevemente le expliqué
obstinadamente mi pre infarto. Quedamos en que mañana me lleva en auto a consultar con el “doctor de lo emocional”.
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